SANAR

“Sanar es tocar con amor lo que previamente tocamos con miedo”
Stephen Levine

Reconciliar emociones, mente y espíritu conlleva a un arduo trabajo interior para expandir
el presente y la conciencia en el rescate de la armonía: ¡eso es sanar! Es reponer el
equilibrio al conectar con nosotros mismos para mirar hacia dentro, donde habitan el
silencio, la pausa y la verdad. Es el encuentro con la Unidad, con el centro, con lo
elemental y lo sublime. Es recuperar la certeza donde descansa el alma. Es volver a
escuchar el sonido del corazón cuando en sus latidos conjuga el verbo amar en el tiempo
del no tiempo. Es asumir la misión depurando lo que no nos pertenece y volver a los
puntos de cruce donde emergen la nobleza y la ausencia de maldad.
Sanar es también valorar nuestra propia compañía que aliviana las cargas y, en ese
espacio de intimidad, renunciar al sufrimiento como elección y más bien enfrentar,
aceptar y superar. Es cuando podemos escuchar las melodías infinitas que acallan las
tormentas huracanadas de los recuerdos tóxicos. Así algo nuevo sucede y aprendemos a
recibir un consejo a tiempo o a apoyarnos en un hombro o quizás a ofrecerlo. Ya no es
momento para reproches sino para recrearnos y avanzar. Para curar y asumir lecciones.
Cuando sanamos se reduce el espacio para el temor, se reconocen los límites, se
identifican las falencias, se trascienden los obstáculos y se descubre el paraíso del propio
territorio. Las programaciones se disuelven y quedan atrás las cosas que hipotecan la
vida. Las máscaras son reemplazadas por valentía y coraje para que ya no existan las
víctimas ni los verdugos. De esta forma nos afianzamos en lazos auténticos y sin
condiciones para dar paso a la dignidad como condición de la humanidad.
Sanar es resonar nuevamente con un gesto de ternura y explotar en una carcajada. Es
saltar de alegría porque nos inunda la sorpresa. Es abrir el portal de los sueños y poner en
marcha los recursos. Es pintar canciones con la magia de unos versos dictados por la
plenitud de quien solo se alimenta de la paz que da una conciencia serena. Es regocijarse
en la bienaventuranza de aquel que comparte de manera generosa y mantiene su fe
intacta ante el desafío.
Que realmente sanemos las heridas profundas para que de una vez por todas
comprendamos que Dios habita en nosotros…

Alejandro Posada Beuth

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