DEJAR IR

“Cuando dejo ir lo que tengo, recibo lo que necesito” Tao Te Ching

 

La vida es cambio, movimiento, dinamismo. Por momentos nos aferramos y dejamos de comprender que es necesario fabricar el vacío para seguir recibiendo. El dejar ir constituye una buena estrategia para abrirnos al mundo de las posibilidades. Editar día a día nuestra existencia es conservar la capacidad de fascinarnos y de ir escribiendo cada episodio con entusiasmo, a pesar de los pesares. Es comprender que, al liberar y soltar, estamos  “cometiendo” el más bello acto de amor porque ir sin ataduras es remontar el vuelo para renovar fuerzas.

Dejar ir es asumir el desafío de rediseñarnos y mirar con optimismo para encontrar, en lo bueno, la mejor forma de relacionarnos desde lo sustancial y profundizar así en el sentir para intuirnos mutuamente y, de esta manera, cultivar el entendimiento suficiente como para pensar en metas comunes y en hollar juntos el sendero. Es proyectarnos de manera positiva aún a sabiendas de que no perdemos el derecho a equivocarnos. Es apartarnos del caos y recuperar el sentido. Es alejarnos del peligro de las formas y volver a lo fundamental. Es preguntarnos desde el ser para encontrar las respuestas que ya están inscritas en el universo, esperando el momento oportuno para acceder al verdadero conocimiento.  Es, además, decodificar las señales y explorar lo insondable para dar el paso de lo complejo a lo simple, donde habita Dios.

El miedo a la pérdida puede erigirse como uno de los grandes obstáculos para dejar ir. Los apegos impiden la llegada de nuevas circunstancias y con frecuencia nuestras emociones evitan que veamos otras formas de enriquecer lo cotidiano. Tal vez sea el momento de entregar generosamente y permitir que cada uno produzca su música interior y ponga el sello personal a sus acciones. Es posible volver a empezar y romper cadenas para continuar el camino propio entendiendo que lo ya recorrido no necesariamente debe marcar el destino.

Aceptar lo que es real, sin quedarnos con lo que quisiéramos que fuera, es un gran paso para dejar ir. Quedan atrás muchos pensamientos, creencias y vivencias que ponen a prueba nuestra resiliencia y llaman al orden a la creatividad para cambiar los puntos de enfoque y asimilar, aunque duela, aquello que ha de ser parte de los recuerdos. Es así como comienza el ritual interior de la entrega y la no resistencia. Es trasmutar y confiar en que lo mejor está por venir y en que nuevos aires harán que tomemos decisiones para aliarnos con el tiempo como el mejor diluyente…

 

Alejandro Posada Beuth

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