SENTIMIENTO

“Si tu corazón es un volcán, ¿Cómo esperas que en él broten flores? Khalil Gibran

 

En la medida en que nos hacemos conscientes de nuestras emociones, vamos generando señales que nos llevan a pensar que un sentimiento puede ser el motor más importante para una acción, aunque no necesariamente vaya precedido de la razón. Eso que nos dicta el corazón hace que se evoquen muchas impresiones o afectos que pueden ser la manifestación de huellas imborrables y que, incluso, pueden modificar por completo nuestras vidas.

Ante la espontaneidad de una emoción, debe surgir un intérprete, un sentimiento, que puede perdurar en el tiempo con base en la evaluación hecha de manera subjetiva y que se ve representado en  un estado anímico. Es así como, un sentimiento de unidad puede expresarse como fortaleza, compañía o como un vínculo mayor. O si es de tristeza se puede reflejar como añoranza o nostalgia. Y si fuera de euforia, como plenitud y gozo incalculable. O inseguridad y hasta angustia, si son los celos los que tratan de manifestarse.

Un sentimiento es una bella oportunidad para recordar lo susceptibles que somos, pero también lo maravilloso que resulta fluir con cada uno de ellos. Todo esto representa la afluencia del alma y la manera como la armonía hace parte de nuestro verdadero yo, para que el poder ordenador reoriente y exalte lo mejor de la humanidad en nosotros y, de esta forma, poder expresar la pureza que irradia más allá de allá y retira los velos de lo complejo. Esto tan simple ya puede ser inmensamente sanador.

Saber callar y restablecer el diálogo mental no debe confundirse con ocultar los sentimientos. Más que eso, se trata de sacarlos a flote reconociendo la necesidad de ser compartidos sin limitaciones. El universo es infinito y somos parte de él. Por lo tanto desconocemos las fronteras. Esto es acercarnos a la expansión como principio de la abundancia, partiendo de la posibilidad de declarar lo que somos, reconociéndonos como seres altamente sensibles, lo cual hace parte de nuestras fortalezas.

Nadie puede adueñarse de nuestras ideas o percepciones y por lo tanto, tampoco de nuestros sentimientos. Somos responsables únicos de aquello que nos conmueve y del modo cómo lo interpretamos.

Que a partir de ahora podamos sintonizarnos serenamente con cada  situación vivida y que después de aceptarla y hacerla parte de nuestro inventario podamos resonar, sin fricciones, para conocer la importancia de un verdadero sentimiento.

 

Alejandro Posada Beuth

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