Bienaventurados

“Bienaventurado el que no cambia el sueño de su vida por el pan de cada día”

Facundo Cabral

El camino hacia la felicidad puede tornarse largo y extenuante por momentos. Implica abnegación y sacrificio y quizá por ello, al contemplar la cima, todo parece compensarse porque el esfuerzo ha valido la pena. Esto no es otra cosa que el recorrido milagroso hacia la bienaventuranza, el gozo y la dicha que, para ser alcanzados, requieren de la alquimia que transforma el rencor y el resentimiento en indulgencia y gracia. Transmuta el llanto en el riego sagrado para que la semilla encuentre el potencial del fruto en sí misma. Convierte la miseria y la desventura en desafío y fortuna. La ira y la sed de venganza, en serenidad y paz interior.

El sendero de la plenitud exhorta a la espiritualidad y la compasión, para quitarle límites al horizonte y trascender lo material, lo denso, hasta llegar a lo más sutil que involucra un buen carácter. Este, a su vez, mantiene la fe intacta para sobrellevar el sufrimiento o las penas. Nada que sea impuesto podrá doblegar la fuerza de la sencillez o la grandeza del amor.

Bienaventurado sea el que comprenda que el conocimiento no le pertenece y decida compartirlo de manera generosa, porque entonces la ignorancia y la incompetencia se traducirán en habilidad e ingenio. O aquel que entienda que su compañía puede ser el mayor tesoro para quien padece en soledad. O el que sabe pronunciar sólo la palabra precisa sin estrépitos y calla ante la elocuencia.

Bienaventurado el que alberga pureza en sus intenciones, porque sus actos serán inventarios de humanidad. O aquel que siembra pensamientos armónicos para ser cristalizados en obras prósperas. O el que oculta la crítica necia porque será digno de confianza. O quien ponga a disposición el faro donde acuna sus experiencias más bellas para que el camino de otros sea transitado con certeza. O el que halla en su haber espiritual, los mejores dividendos, fruto de la entrega y la consagración. O quien no sienta vergüenza de nombrar a Dios en los manifiestos de la vida.

Que la verdad encuentre como máxima expresión la humildad, para que las bienaventuranzas no sean nubladas por la soberbia y que el reto de continuar juntos en la empresa de la existencia se mantenga y se nutra cada día en señal de que, en nosotros, habita ya lo que ha de venir…

Alejandro Posada Beuth

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