El placer de dar

El placer de dar

“Da de lo que tienes para que merezcas recibir lo que te falta” San Agustín

El dar y recibir es una puesta en evidencia del libre flujo de la energía que se intercambia continuamente. Casi podría decirse que es un movimiento continuo, que no debería agotarse y que surge de la necesidad de mantener el perfecto equilibrio, por lo que es sano ser generosos en los dos sentidos.

La semilla del dar garantiza recibir en abundancia, siempre y cuando el móvil no sea el resultado del cálculo y la avaricia. Cuando surge de manera espontánea y desde la noble intención, la entrega es semilla que germina y se hace plenitud. Origina alegría que rebosa el ser porque también multiplica y da valor a lo que es entregado, lo cual retribuye con creces el propósito.

Siempre hay algo por brindar: tiempo, talentos, caricias, servicio, presencia… Pero todo esto debe ir acompañado de un profundo amor, de mucha humildad y de integridad absoluta. De lo contrario reinarían la soberbia, la arrogancia, la vanidad o la lujuria y, entonces, se perdería la magia del retorno infinito. Pasar de la posición y la posesión en dirección hacia la conquista del lugar que nos corresponde, sin orgullos, como seres con nexos, pero sin ataduras y renunciar a seguir acumulando (lo cual es muestra de lo que nos falta), resulta ser un ascenso en la espiral evolutiva de la reflexión y el discernimiento para poder volver a reconocernos y ser de nuevo inclusivos.

La expansión y la prosperidad van mucho más allá de lo meramente material. La benevolencia acompaña al esfuerzo y la consagración. Es dando como se evitan las carencias de lado y lado y como aprendemos también a recibir a manos llenas porque esto hace parte de la armonía y la ecuanimidad. Por eso al compartir sentimos que hemos ganado algo, que seguimos dándole color a la vida, brillo, contrastes y, como si fuera poco, que el trenzado de nuestro propio ADN se llena de música del corazón.

En la escala de valores, la posibilidad de aportar a los otros debe ocupar un lugar de privilegio. Esto da paso a la coherencia porque el amor impersonal se hace manifiesto con cada latido y la conciencia inteligente, llena de luz cada acto de entrega sin reservas. Somos prósperos por naturaleza y por eso la riqueza es sinónimo de desprendimiento y filantropía.

Que al terminar el día nos inunde la satisfacción de haber compartido algo con aquel que verdaderamente lo necesita.

Alejandro Posada Beuth

La soledad

La soledad

“La soledad es el imperio de la conciencia” Federico García Lorca

Es complejo diferenciar el estar solo con sentirse así. Lo primero resulta casi imposible porque muchas manifestaciones de vida están a nuestro alrededor y su expresión a través de múltiples formas es la constatación de que todos estamos vinculados de alguna manera con el entramado que nos rodea. Por eso quizás la única manera de probar la soledad es sentirla y suele ser por elección propia.

Más que un estado de aislamiento, separación o abandono, puede convertirse en un espléndido momento para el reencuentro interior y por ello no hay que temerle, más que por apartarnos del territorio de holgura, lo cual incluso puede ser parte del proceso evolutivo hacia el desarrollo de la Conciencia que pone a prueba nuestros propios recursos.

Soledad y silencio suelen ir de la mano para resonar con nuestra propia música que es la antesala con la que toma vuelo la fuerza creativa, sugiriendo nuevos proyectos que se acunan en el corazón cargados de ilusion y propósito. Adentrarse en el vacío invita al desprendimiento porque es allí donde verdaderamente encontramos el sentido profundo de cambiar las viejas programaciones para ir ligeros de equipaje y leves de emociones tóxicas. Es entonces cuando dejamos de sentir la necesidad dictatorial de proyectarnos porque el centro nos reclama en presente para tomar las mejores decisiones.

Experimentarla de hecho nos conduce a expiar las culpas para levantarnos en comunión con la genuina alegría que dispone cada cosa en su justa dimensión. No hay lugar entonces para magnificar lo que no corresponde y por ello las lecciones se tornan sutiles. Resurgen los sueños que esperan al soñador, lo cual supone abstraerse de lo no esencial, para dialogar en el mismo plano con el Maestro. Es cuando el sabio y el aprendiz se funden de manera apacible renunciando a cualquier rol para sintonizarse simple y llanamente con el tejido de la humanidad donde cada uno se reconoce esencial.

La soledad puede ser pues, una excelente compañía porque desde su impecable prudencia nos contempla de forma amorosa y compasiva, renunciando a emitir cualquier tipo de veredicto y más bien despejando conmovida el sendero para que nuestro trasegar sea más amable, afectuoso y sencillo. Apacible y suspendida en el tiempo nos observa conmovida para acogernos en el momento preciso en el que la voz interior nos susurre que es el momento de volver a la Unidad.

¡Qué bella es!

Alejandro Posada Beuth

Vivir en armonía

Vivir en armonía

“Quien vive en armonía no teme la soledad” Doménico Cieri

Una composición de sonidos, de tonalidades y matices, una sucesión de los tiempos de manera coherente y ordenada, un equilibrio perfecto entre cadencias e intervalos que revelan la belleza y restauran la bondad: eso es armonía.

No depende de elementos externos, sino que brota de conciliar con lo más profundo e interno de nuestro ser. Por eso reclama y exige un diálogo franco con nosotros mismos que implica estar dispuestos a recibir respuestas, no siempre agradables para el ego. Requiere dejar a un lado la soberbia y la altivez para exponerse genuinamente al amor que invita a seguir soñando para construir e imaginar que imaginamos.

La armonía brinda por la vida y encuentra, de manera invariable, coartadas para ser felices y compinches en la toma de iniciativas que incitan al movimiento, al aprendizaje que procesa y asume, a la visión que despeja el camino, a despertar a la ternura y la aceptación para alejar las culpas. A conectar con lo más auténtico y a ponerle el sello de originalidad a cada experiencia.

Pone de manifiesto también la actitud valiente y el coraje que llevan a la conquista de nuestra propia vida, amalgamando emociones y rescatando sentires que evitan caer en el olvido o la arrogancia. Libera los apegos sin desistir de evocar gratos momentos. Resalta la determinación más allá de las metas y antepone el respeto a cualquier acción. Por eso en muchas ocasiones se camufla con el silencio y desarma decorosamente al ruido de los pensamientos de baja vibración.

Cuando confluyen inteligencia y armonía, hay claridad en la elaboración de las ideas y se promulga la autodisciplina para estar más cerca al propósito. Es entonces cuando la mirada va más allá de las apariencias, lo que contribuye a superar los desacuerdos y a responder con compasión a la indignación o con una sonrisa al admitir el desafío que pule el carácter.

Un sentimiento como este es la evidencia de paz interior, de alianza con el otro, de recibir el eco que retroalimenta. Es quedarse absorto ante el milagro del encuentro. Es rendirle tributo a la honorabilidad y ver qué estamos dispuestos a hacer por el compromiso y la misión. Es dejar las cosas idas en su sitio y es arropar el perdón. Es sentir el calor de la piel ajena como propia. Es asistir a la ceremonia de las fantasías sin límites, con la osadía del que aún cree. Y es presagiar el beso que llega como si fuera el primero…

Alejandro Posada Beuth

Como vivir en soledad

Como vivir en soledad

Realmente estar sols es prácticamente imposible. Otra cosa es SENTIRSE solo, en cuyo caso es importante intervenir, porque por naturaleza somos seres sociables que requerimos de nuestras redes de apoyo. Pero en ocasiones la Soledad nos auto afirma, nos empodera, nos aclara, nos permite divagar deliciosamente en nuestros pensamientos y confrontarlos…

Ser transparentes

Ser transparentes

“Una mirada transparente muestra la luz del corazón” Anónimo

Dejar pasar la luz es cualidad de las gemas más valiosas. Cuando honramos al reino mineral en nosotros estamos también identificándonos como los seres de luz que somos: millones de fotones germinaron en el encuentro entre óvulo y espermatozoide y el resultado de ello es lo que hoy somos. Por tanto, desnudar el alma, reconocernos vulnerables, dejar a un lado las fachadas y las máscaras, nos hace aún más preciados. Mostrarnos tal y como somos, sin falsas identidades y libres de paradigmas, se constituye en un acto sublime y gallardo que nos permite hacer movimientos de introspección que conduzcan a renunciar al perfeccionismo, la soberbia o cualquier otra manifestación del ego.

Cuando somos transparentes se asoman la dulzura y la fragilidad, reconocemos la necesidad del otro en nosotros, decoramos la razón con el sentimiento, admitimos la angustia y el desasosiego para buscar refugio en quien nos brinda un consejo y apaña nuestras lágrimas, admitimos que no somos invencibles y calibramos la vida sin hipotecar la felicidad. Renunciamos a seguir construyendo barreras para, más bien, exponer nuestra imagen que expresa las propias limitaciones y permite el escrutinio porque ya no hay temor a ser juzgados.

Ser transparentes implica desistir a la crítica y rescatar la mirada comprensiva y compasiva que no reprime ni agrede, pero que confronta amorosamente porque identifica potenciales por exaltar. Es también pasar por la reflexión y la prudencia para evaluar con mesura y buen juicio. Es expresar ideas e intenciones de forma decorosa y modesta para no sofocar al otro, pero con la contundencia que genera la experiencia. Es aprender que el dar no excluye la posibilidad de recibir generosamente y que, por tanto, somos merecedores en reciprocidad por nuestras obras.

Vale la pena retirar los velos, los complejos, las falsas identidades. Mirar sin vergüenza a los ojos del otro y comunicarse desde la fragancia de la honestidad. Resulta reconfortante pensar que cada acción pueda ser generada trascendiendo el interés personal por el bien común. Que cada innovación o cualquier creación estén impregnadas de hidalguía, altruismo y lealtad. Que la verdad y la honestidad sean claro reflejo de lo diáfano que habita en nosotros.

La transparencia es una virtud hija de la nobleza que propone la complacencia e invita a vivir antes de partir…

Alejandro Posada Beuth

Voluntad y poder

Voluntad y poder

“Cuando la voluntad está lista, los pies son ligeros” Anónimo

Cuando nos reconocemos vulnerables, el propósito deja de ser una carga y los logros comienzan a hacer parte de los pretextos para gozar. Contemplamos entonces la necesidad de autorregular nuestras fuerzas y limitaciones y nos hacemos conscientes de que la satisfacción no siempre es inmediata. Pero, por lo mismo, se activan las motivaciones y se insinúan las ilusiones.

La voluntad requiere de enfoque y concentración porque no hay lugar al desperdicio de energía y es necesario que el plan de vuelo esté acorde con lo planificado. Es decir, que la improvisación tampoco tiene cabida y cada instante está diseñado en positivo, lo cual potencia al máximo lo que somos y valida las propias convicciones. Es aquí donde los pequeños desafíos se convierten en la mejor forma de catapultar los sueños porque de nuevo la confianza y la seguridad dialogan y despejan el sendero para ampliar las expectativas.

La firme intención y el deseo vehemente e impetuoso derrotan cualquier asomo de duda para resistir a la tentación del abandono. Cada decisión se hace trascendental y la trivialidad ni siquiera se discute. La voluntad es un motor en movimiento incesante que desconoce la fatiga y se identifica con la culminación triunfante que es su código de preferencia. Es diligencia consciente y no compulsiva. Es deleite y fuerza interior donde se combinan audacia y destreza sin restricciones.

Pero la voluntad también es aventura, es cercanía con el otro, es certeza alimentada por quien te motiva, es ingenio que se renueva en el amor, es sorpresa que induce para continuar encauzando las mejores emociones, es presencia plena, es sonrisa contagiosa, es optimismo genuino y canto a la vida.  Es también vigor y sentimiento del yo esencial y es gracia en cada acción que se conjuga con determinación y compromiso.

Que en adelante no haya evasivas ni excusas. Que el entusiasmo te mueva a diseñar el fin de cada historia deleitándote en la complacencia de tu integridad. Que el colorido siempre sea el resultado de tus buenas obras y que tu música interior resuene nutrida por las musas que te dictan los más bellos acordes como fondo al poema por descubrir en cada día de tu existencia.

Que la Voluntad sea revelada…

Alejandro Posada Beuth

La vida en color

La vida en color

Los colores son las ideas primordiales, los hijos de la Luz” Johaness Itten

Percibir el color va mucho más allá de un fenómeno físico en el que células como los conos y bastones hacen que la retina traduzca informaciones de longitudes de onda que serán interpretadas como las diferentes tonalidades, lo cual no solo cambia nuestra visión sino que modifica también las funciones globales del cuerpo porque, dependiendo con qué asociemos estas percepciones, así serán también nuestras reacciones y emociones pudiendo cambiar hasta la expresión de nuestro código genético.

Es bien interesante saber que se requiere de la presencia de la luz para poder apreciar toda la gama de colores. Pero esa luz es mucho más que una onda electromagnética portada en el vacío. Refleja muy certeramente la claridad, la transparencia y los destellos de fotones que surgen de nuestro despertar de Conciencia. Es así como las actitudes se convierten en el mejor pincel para pintar la cotidianidad y cambiar la manera cómo se nos presentan el horizonte o los claroscuros de nuestras paletas existenciales.

Por eso, un encuentro con el ser querido que te regala una sonrisa cálida o una mirada alegre, hace que se active en ti toda tu capacidad de resonancia y se despierten también esos matices al interior activando el rojo, el naranja o el amarillo. En el otro extremo, el violeta, azul o verde seguramente van a aflorar en momentos de mayor interiorización para invitarte a la reflexión como otra manifestación física del milagro de la luminosidad, que siempre cautiva y fascina.

El Sol sale para todos anunciando el nuevo amanecer, pero también es el resultado de la forma como interpretamos nuestras vivencias. Algunos días parecen oscuros, pero se presentan otros en que podríamos pensar que la fortuna y la bienaventuranza juegan de nuestro lado y confluyen en el corazón todos esos colores que nos ayudan a recuperar la resiliencia, no solo como el arte de salir ilesos, sino más bien como la estrategia para crear nuevos enfoques y nuevas sensaciones que nos lleven a conservar la autoestima, la independencia y la posibilidad de elegir los pigmentos con los que habremos de dibujar nuestro futuro.

Que el amor, la ilusión, la esperanza, el júbilo, la dicha y la plenitud constituyan la materia prima para plasmar tu vida con los tintes más bellos para que puedas ser fuente “deliciosamente contagiosa” de los mejores momentos y que tus ojos exterioricen tu alegría brotando a borbotones…

Alejandro Posada Beuth