La armonía nos lleva a componer sonidos de manera agradable, a detenernos (silencios) para comenzar de nuevo el aprendizaje de la compasión, aceptación y coraje, desde el agradecimiento profundo y disfrutando de momentos de soledad…
Vivir en armonía
La armonía nos lleva a componer sonidos de manera agradable, a detenernos (silencios) para comenzar de nuevo el aprendizaje de la compasión, aceptación y coraje, desde el agradecimiento profundo y disfrutando de momentos de soledad…
“Cuando la voluntad está lista, los pies son ligeros” Anónimo
Cuando nos reconocemos vulnerables, el propósito deja de ser una carga y los logros comienzan a hacer parte de los pretextos para gozar. Contemplamos entonces la necesidad de autorregular nuestras fuerzas y limitaciones y nos hacemos conscientes de que la satisfacción no siempre es inmediata. Pero, por lo mismo, se activan las motivaciones y se insinúan las ilusiones.
La voluntad requiere de enfoque y concentración porque no hay lugar al desperdicio de energía y es necesario que el plan de vuelo esté acorde con lo planificado. Es decir, que la improvisación tampoco tiene cabida y cada instante está diseñado en positivo, lo cual potencia al máximo lo que somos y valida las propias convicciones. Es aquí donde los pequeños desafíos se convierten en la mejor forma de catapultar los sueños porque de nuevo la confianza y la seguridad dialogan y despejan el sendero para ampliar las expectativas.
La firme intención y el deseo vehemente e impetuoso derrotan cualquier asomo de duda para resistir a la tentación del abandono. Cada decisión se hace trascendental y la trivialidad ni siquiera se discute. La voluntad es un motor en movimiento incesante que desconoce la fatiga y se identifica con la culminación triunfante que es su código de preferencia. Es diligencia consciente y no compulsiva. Es deleite y fuerza interior donde se combinan audacia y destreza sin restricciones.
Pero la voluntad también es aventura, es cercanía con el otro, es certeza alimentada por quien te motiva, es ingenio que se renueva en el amor, es sorpresa que induce para continuar encauzando las mejores emociones, es presencia plena, es sonrisa contagiosa, es optimismo genuino y canto a la vida. Es también vigor y sentimiento del yo esencial y es gracia en cada acción que se conjuga con determinación y compromiso.
Que en adelante no haya evasivas ni excusas. Que el entusiasmo te mueva a diseñar el fin de cada historia deleitándote en la complacencia de tu integridad. Que el colorido siempre sea el resultado de tus buenas obras y que tu música interior resuene nutrida por las musas que te dictan los más bellos acordes como fondo al poema por descubrir en cada día de tu existencia.
Que la Voluntad sea revelada…
Alejandro Posada Beuth
La vida es un lienzo en blanco. Píntalo con tus mejores experiencias. Dale tono, brillo, contrastes. Eso hará que cambie la fisiología de tu cuerpo. De cómo utilices tu paleta de claroscuros depende mucho como se proyecte tu día a día…
Los colores son las ideas primordiales, los hijos de la Luz” Johaness Itten
Percibir el color va mucho más allá de un fenómeno físico en el que células como los conos y bastones hacen que la retina traduzca informaciones de longitudes de onda que serán interpretadas como las diferentes tonalidades, lo cual no solo cambia nuestra visión sino que modifica también las funciones globales del cuerpo porque, dependiendo con qué asociemos estas percepciones, así serán también nuestras reacciones y emociones pudiendo cambiar hasta la expresión de nuestro código genético.
Es bien interesante saber que se requiere de la presencia de la luz para poder apreciar toda la gama de colores. Pero esa luz es mucho más que una onda electromagnética portada en el vacío. Refleja muy certeramente la claridad, la transparencia y los destellos de fotones que surgen de nuestro despertar de Conciencia. Es así como las actitudes se convierten en el mejor pincel para pintar la cotidianidad y cambiar la manera cómo se nos presentan el horizonte o los claroscuros de nuestras paletas existenciales.
Por eso, un encuentro con el ser querido que te regala una sonrisa cálida o una mirada alegre, hace que se active en ti toda tu capacidad de resonancia y se despierten también esos matices al interior activando el rojo, el naranja o el amarillo. En el otro extremo, el violeta, azul o verde seguramente van a aflorar en momentos de mayor interiorización para invitarte a la reflexión como otra manifestación física del milagro de la luminosidad, que siempre cautiva y fascina.
El Sol sale para todos anunciando el nuevo amanecer, pero también es el resultado de la forma como interpretamos nuestras vivencias. Algunos días parecen oscuros, pero se presentan otros en que podríamos pensar que la fortuna y la bienaventuranza juegan de nuestro lado y confluyen en el corazón todos esos colores que nos ayudan a recuperar la resiliencia, no solo como el arte de salir ilesos, sino más bien como la estrategia para crear nuevos enfoques y nuevas sensaciones que nos lleven a conservar la autoestima, la independencia y la posibilidad de elegir los pigmentos con los que habremos de dibujar nuestro futuro.
Que el amor, la ilusión, la esperanza, el júbilo, la dicha y la plenitud constituyan la materia prima para plasmar tu vida con los tintes más bellos para que puedas ser fuente “deliciosamente contagiosa” de los mejores momentos y que tus ojos exterioricen tu alegría brotando a borbotones…
Alejandro Posada Beuth
Para rescatar la Voluntad son necesarios el esfuerzo, la autorregulación, la capacidad de generar mapas de navegación y estar continuamente observando los objetivos para poder realizar pequeñas tareas que nos catapulten a los logros mayores… Pensamiento semilla: «color»
“Cuando hables, procura que tus palabras sean mejores que tu silencio” Proverbio Hindú
La profundidad del instante solo puede ser captada desde el sosiego inmutable en el que habita el potencial total, porque es el lugar más cercano al contacto con la Fuente y la integración. El diálogo interno de la mente inquieta, suele ser manifestación de la necesidad de que el Alma sea escuchada porque tras toda manifestación hay un silencio. La ausencia de vacío es el ruido del Ego que impide el equilibrio, la paz y la serenidad.
La plenitud de la pausa, permite restablecer la comunicación y evitar el estruendo emocional. Allí se genera la acción desde la reflexión y la calma, se renuncia a emitir juicios y más bien se asume la actitud atenta de quien observa y contempla evitando el conflicto y la turbulencia de los pensamientos que son solo fluctuaciones de la Conciencia.
Desde el silencio, la unidad y la identidad se ponen en sintonía con lo Supremo, para que el ayuno de la palabra tenga fin y así cada expresión se pinte de elocuencia, sensibilidad, orden e intuición que permitan que la semilla germine con dirección y propósito. Entonces el antagonismo, la oposición y la lucha ya no tienen sentido y más bien la creatividad surge para revolucionar y promover el cambio y el dinamismo como características fundamentales de la vida misma.
En esa quietud están inmersos los códigos de los más nobles ideales que, al unísono, emergen para dar origen al nuevo concierto en el que las notas individuales se conjugan para formar los mejores acordes como preludio a esa sinfonía que permita el nuevo encuentro. Desde esa actitud se perfilan entonces los movimientos internos que invitan y seducen para que se expandan la confianza y la integración y que, como consecuencia de ello, el verdadero Ser sea revelado y el altruismo se difunda de manera espontánea sin conjeturas o premeditaciones, sin avaricia o ruindad, que no son más que signos de debilidad y flaqueza.
Dichoso aquel que desde el silencio, donde Dios reside, puede saciar los deseos incontrolables y despejar el sendero para el encuentro con lo esencial. Dichoso el que rescata el verbo desde las entrañas donde moran la sabiduría y el conocimiento y dichoso también el que escucha atento las directrices del Maestro para llevar a cabo su obra sintiendo el gozo auténtico y verdadero en señal de complacencia por tener el privilegio de portar esa llama inagotable de amor…
Alejandro Posada Beuth
La música nos acompaña desde muy temprano en nuestro desarrollo. Ya desde las primeras 3 semanas de gestación comienza a escucharse el instrumento de percusión perfecto: el corazón. De inmediato se desarrolla el oído ante la necesidad de escuchar la música. Por eso hay que conservar siempre la posibilidad de permitir que surjan la melodía,armonía y ritmo para alimentar la energía de reserva que depende de ello…
¿Y si creas tu propio futuro en lugar de encontrártelo?
(Mario Alonso Puig)g
Resolución, determinación y valor son requeridos para activar la capacidad adaptativa que nos permita continuar en el proceso evolutivo. Nuestra propia biología es escrita día a día con el registro de cada una las historias que vamos viviendo. Reinventarse es una necesidad más que una opción y desafía nuestra creatividad y potencial innovador que, generalmente, llegan cuando la inspiración tiene cabida desde la conquista del silencio. La plenitud y la alegría surgen como principales activos en semejante propósito y nos llevan a resonar con patrones de frecuencia diferentes que nos conectan con el inagotable mundo de las posibilidades y oportunidades.
En el redescubrimiento de nuestra misión (re-misión), seguramente hemos de enfrentarnos a picos y valles que nos sugieran renunciar deliciosamente a tantas y tantas expectativas que por momentos nos anquilosan. Suele ocurrir que la parálisis surja del exceso de análisis y relegue al optimismo a un segundo plano. Pero… ¿Y si nos atreviéramos a dejar atrás al desaliento y las viejas programaciones o virus mentales? ¿Y si la fuerza y la coherencia fueran el combustible para que cada pensamiento semilla germinara alimentado por el calor de un corazón amoroso? ¿Y si en lugar de pensamientos limitantes, nuestra conciencia se expandiera en comunión con la fertilidad máxima del ingenio y la originalidad? ¿Y si el poema recuperara su lugar de privilegio en los aromas que evocan la presencia en los momentos de ausencia?
La vida es un lienzo en blanco y es el momento para pintarlo con nuestros sueños. Es tiempo de generar pasión e intensidad en cada acción. Es crucial reenfocar la atención para no perderse en lo no esencial. Es el instante preciso para escuchar esa voz que habita en nuestro interior y que incita a iniciar el camino de regreso y así mostrar nuestra mejor versión.
Reinventarse es abrir las puertas a la magia, al júbilo, a la sonrisa y las caricias, al delirio y el desborde, para que la luz rebose nuestro ser y el éxtasis sea el estado natural que avive el fuego que acerque nuestros corazones desde el lenguaje del amor conjugado en presente.
Alejandro Posada Beuth
“Las aptitudes suman… las actitudes multiplican”
Más allá de la biología, los talentos, las habilidades y los dones son alimentados desde la motivación y la disposición. Probablemente nuestros genes portan tintes y matices de privilegio que nos permiten tener ese “algo” innato que nos hace diferentes. Sin embargo, para llegar tan alto como nuestros sueños, no basta con ser aptos; es necesario contar con la inteligencia emocional y la asertividad que nos permitan rescatar la actitud correcta que, dicho sea de paso, depende de decisiones y acciones.
El reto consiste en desafiar nuestro temperamento heredado y pulir el carácter, de manera responsable, a partir del entorno que fabricamos. Además, se basa en cuestionarnos sobre ¿Cuánto estamos dispuestos a hacer y de qué forma? ¿Hasta dónde llegan nuestros límites para adaptarnos? ¿Cuál es nuestra capacidad de valorar y agradecer? ¿Qué tanta magia, gracia y voluntad ponemos a cada acto? ¿Cuánto tiempo nos atrevemos a estar despiertos para realizar aquello que ocupa el rincón de nuestras fantasías e ilusiones?
Vale la pena pintar de esperanza los esfuerzos. De dicha y aventura los dramas. Optar por el consuelo y el sosiego ante la angustia. Magnificar las ambiciones y quimeras. Reemplazar la fatiga por pasión y algo de locura. La desilusión por buen humor y optimismo. Atreverse en lugar de reprimirse y comenzar sin postergar para llenarse de sensaciones todas nuevas. Acariciar y contemplar cada día a sabiendas de que no habrá otro igual y así poder “recordar el futuro” desde el presente de tu corazón.
Dosificar la respuesta ante la crisis puede transmutarla en fuente de alegría y aprendizaje. La sabiduría evita el desborde de las emociones y conduce a la prudencia, el silencio y la pausa. Los momentos de inspiración surgen de ellos y van de la mano del Humilde y del Maestro como testigos de la evolución de la Conciencia.
¡El potencial está allí! Depende de cada uno dar el primer paso y eso es actitud. Es claro que todo puede cambiar a partir de esa decisión que espera pacientemente el justo momento para nacer de nuevo a lo esencial y renunciar a lo prescindible. Cada instante es propicio si hay cabida para la audacia y la determinación provenientes de las profundidades del ser genuino que invita a la reflexión. Es tan simple como renunciar a la duda. El tiempo de procrastinar ha pasado…
Alejandro Posada Beuth
El cerebro humano cuenta con cien mil millones de neuronas en promedio, que pueden generar algo así como cien trillones de conexiones y almacenar 280 trillones de bits de información. Cifras para nada despreciables, pero tal vez más importante aún, es el hecho de que el proceso de aprendizaje no se detiene mientras haya vida. Si estuviéramos recibiendo y almacenando información las 24 horas del día, tardaríamos unos 1.500 años para copar la capacidad de este órgano que, a pesar de su tamaño, (2% del cuerpo) consume el 20% de la energía total del organismo.
Sin embargo, ser un eterno aprendiz, un principiante, un alumno de la vida, exige conservar la humildad como una de las más altas virtudes, acompañada de una actitud de apertura, entusiasmo y renuncia a la crítica, que permita que esa mente del aspirante esté llena de posibilidades. La capacidad de asombro, la creatividad y el optimismo son requisitos indispensables para acceder a la infinita riqueza del conocimiento.
Proyectarse hacia la excelencia desde ese eterno aprendiz es activar la modestia y la paciencia. Es también atreverse a aprender de los otros y con los otros para generar la confianza suficiente como para que los vínculos afectivos se conviertan en los mejores maestros y facilitadores de los procesos y experiencias de formación. Es seguir maravillándose con las pequeñas cosas: contemplar un amanecer, disfrutar de la lluvia o contagiarse con la sonrisa de un niño. Es dejar a un lado la vanidad, con la que puedes ganar una batalla, para dar paso a la humildad con la que puedes evitar ir a la guerra, sin ser pusilánime pero sí reconociéndote vulnerable. Es aprender a decir “lo siento” o simplemente “no sé”. Es trascender la soberbia desde la dignidad y diferenciar el servicio del servilismo. Es enterarte de tus limitaciones para actuar en consecuencia. Es renunciar al status para mirar hacia abajo desde la compasión. Es aceptar o dar un consejo en el justo momento. Es honrar al otro en lugar de presumir.
Aprender es, además, aprehender: tomar lo mejor de tu entorno para conservar la ilusión y la alegría suficientes como para permitirte mantener a flor de piel tu capacidad de gozo, de alimentar tus sueños y de encontrar razones para que cada segundo sea vivido intensamente desde la ternura y fuerza de tu corazón…
Alejandro Posada Beuth